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La lactancia no es una batalla…es un acto de amor

Publicado el 06-10-2011

Cerramos una semana muy especial para El Club de las Madres Felices con un nuevo post de otra de nuestras mamás colaboradoras.  Como sabéis,  hemos querido conmemorar la celebración de la “Semana Mundial de la Lactancia Materna“ con una serie de posts y contenidos especiales sobre lactancia materna. Así, conocimos la visión de Diario de una mamá Pediatra, la de Mamá (contra) corriente y la de Tenemos Tetas.  Cerramos esta saga de posts tan especiales con Mámá Sin Complejos ¡Esperamos que os guste!

La lactancia no es una batalla…es un acto de amor

Por Mamá Sin Complejos

Solo ha hecho falta la mitad de un siglo para estropear un acto que lleva con nosotros, los mamíferos, desde el principio de los tiempos: la lactancia. Medio siglo de fórmulas supuestamente mágicas que juraban y perjuraban, juran y perjuran que son maravillosas, estupendas, que sustituyen la leche materna, que se parecen a ella, que dan libertad a la mujer, que solucionan todos los problemas.

Y unas cuántas generaciones de mujeres se vieron envueltas en aquella vorágine industrial donde el alimento más sano y natural fue sustituido por productos inventados por esta humanidad que se cree con poder para todo.

De repente muchas madres pensaron que aquellas recetas mágicas, elaboradas en fríos laboratorios, eran mejores que el alimento que sus cuerpos sabiamente producían. Y empezó una época, la de madres que daban a sus hijos la leche de sus pechos frente a las que daban biberón con leche de fórmula. Pasaron los años y nos dimos de bruces con la vida 2.0 y antes de darnos cuenta había una batalla campal en la red: las de la teta contra las del biberón.

He oído, visto, leído auténticas barbaridades tanto de unos como de otros, y no creo que esas posturas ayuden a nadie, mucho menos a nuestros niños.

Un día me convertí en madre y sin saber mucho de qué iba esto de la teta, decidí que quería dar lactancia materna en exclusiva a mi hijo. Descubrí un mundo nuevo, la maravilla que implica alimentar a un hijo con tus pechos, descubrí lo perfecto y sabio que es el cuerpo de una mujer. Años después, supe que quería ayudar a otras mujeres a conseguir eso que yo tuve. Y aquí estoy, formándome para ser asesora de lactancia. Cada día me maravillo más cuando estudio, cuando acudo a los grupos y veo a las mamás preguntando sus dudas, exponiendo sus problemas, buscando soluciones, buscando apoyo.

Pero no veo ese enfrentamiento del que he hablado al principio, no veo batallas campales, veo respeto, veo calma. No veo mujeres radicales que se rasguen las vestiduras porque otras confiesen que suplementan a su hijo con un par de biberones porque así se lo ha dicho su pediatra. Lo que veo son mujeres que con mucha paciencia y entusiasmo, las asesoras de lactancia, explican cómo suplementar, si así hace falta, con la propia leche materna. Veo a estas asesoras solventar dudas, dar confianza, solucionar problemas.

Por desgracia sigue habiendo por ahí pequeños grupos que no tratan excesivamente bien a mujeres que acuden con biberones a sus espaldas y una larga lista de problemáticas o de malos consejos. El pasado mes de agosto, cuando se celebró la Semana de la Lactancia Materna (menos en España), en la blogosfera quedó claro que muchas mujeres se sintieron menospreciadas por el trato recibido cuando confesaban que habían acudido a la lactancia artificial porque sospechaban que la lactancia materna no iba bien, o porque habían recibido presiones de su ambiente, o porque el pediatra y/o enfermera así se lo habían pautado.

El fin de las asociaciones ligadas a la lactancia, mujeres y madres implicadas en esta tarea, profesionales decididos a promover la lactancia materna, es un fin humano, vacío de segundas intenciones o intereses. Muchas veces creemos que hacemos las cosas bien porque nuestras intenciones son buenas, pero no nos damos cuenta de cómo nos perciben los demás. Creo que a día de hoy estamos lejos de posturas radicales que hasta no hace mucho hemos podido ver. El trabajo de todas aquellas personas implicadas e involucradas en lograr que la lactancia materna triunfe va enfocado a conseguir que las futuras madres y madres recientes no tengan recelo en acudir a nosotras cuando surja un problema.

La des-radicalización de la lactancia o la percepción de una postura no radical es el camino para conseguir una normalización, para acercar a más mujeres y familias las bondades de la lactancia materna. De este modo si cualquier dificultad surgiera tendrán la confianza para pedir ayuda, la motivación suficiente para superar el bache y sus bebés podrán seguir lactando.

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La condición mamífera

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| Categoría : Mamás blogueras | | Comentarios: 8

La condición mamífera

Publicado el 05-10-2011

¡El Club de las Madres Felices sigue de celebración! Continuamos conmemorando la Semana Mundial de la Lactancia Materna en España con la publicación de una serie de post muy especiales. El lunes lo celebrábamos conociendo lSuavinex Lactanciaa visión de Diario de una Mamá Pediatra y ayer lo hacíamos de la mano de Mamá(contra) corriente.

Hoy continuamos la “saga” con el post de otra de nuestras mamás colaboradoras: Tenemos Tetas que reflexiona sobre la condición mamífera del ser humano. ¡Lectura más que recomendada! ¡Esperamos que la disfrutéis!

La condición mamífera

Por Tenemos Tetas

“El animal humano se define por su carencia de instintos, porque la naturaleza es tan sólo en él una falta…”; “el hombre no es por ello el producto de una evolución natural, sino tan sólo el resultado de una ruptura con las leyes naturales”; “la sexualidad humana es libre por cuanto no está sujeta a ley natural alguna, se inscribe desde el principio en el terreno de lo simbólico”; “destituyo a la naturaleza lo mismo que a la cultura”…

Estas frases (extraídas del prólogo que el poeta español Leopoldo María Panero escribió para una recopilación de textos del Marqués de Sade) son un buen resumen de una poderosa corriente de pensamiento que ha atravesado por el mismo centro a la cultura occidental en sus más de dos mil años de historia.

En el siglo XXI, la postmodernidad está consistiendo en darnos cuenta de que muchas de las cualidades que habíamos tomado como esenciales, inherentes, al ser humano, no son tales, sino más bien relativas a un ser humano concreto, histórico y coyuntural: el ser humano de la civilización que se erigió desde el neolítico, de la civilización patriarcal.

El discurso feminista más conocido ha ubicado el patriarcado allí donde más se ve: en la dominación del hombre sobre la mujer (mujeres sin derecho al voto, sin derecho al divorcio, sin derecho al aborto, sin derecho al trabajo, sin derecho al poder económico, desigualdad salarial, violencia machista, etc….). De hecho, hoy los términos feminismo y patriarcado están -quizás por esa causa- desvalorizados por muchos, pues suenan a una guerra o revancha entre hombres y mujeres, que parece absurda.

Sin embargo, otros autores como Claudio Naranjo, han definido el patriarcado como algo mucho más amplio: como una forma de pensar y actuar compartida por todos, una forma de entender el mundo en la que el cerebro racional predomina (y domina, neutraliza) sobre los otros dos cerebros humanos: el cerebro límbico-instintivo, y el cerebro emocional.

El patriarcado así entendido, describe ese estado psico/físico/social patológico, caracterizado por la represión emocional, la separación cuerpo/mente y la escisión de la naturaleza, que ha caracterizado a la sociedad humana en los últimos cuatro o cinco mil años.

Wilhem Reich se percató de que ese proceso de represión emocional comenzaba desde el mismo momento del nacimiento. Y también que la represión emocional, la sexual y la social son las distintas caras de una misma represión vital.

Casilda Rodrigáñez ha explicado luego que ese proceso represivo está allí donde nunca hemos mirado: comienza y se reproduce precisamente con la supresión de la maternidad corporal, que priva al bebé mamífero humano de sus necesidades innatas.

La madre amorosa, empoderada, entrañable, primaria, original, disponible para su criatura a través de su cuerpo, de la lactancia, del colecho, del abrazo, del tiempo incondicional… ha sido aniquilada a través de la represión de la mujer durante varios milenios; a la vez que se ha institucionalizado el castigo, la soledad, la mano dura y la pedagogía negra desde el momento del nacimiento.

Así, la reproducción de la mente patriarcal, de la mente egoica y neurótica que hace posible la sociedad de la dominación, pasa por la negación de nuestra condición mamífera.

Porque el ser humano sí tiene un instinto, una necesidad, un deseo y un placer en el momento en que nace, como cualquier otro mamífero: el de succionar el pecho materno, de permanecer junto a él, de estar acompañado noche y día, de ser alimentado, portado y protegido durante meses y años sobre el cuerpo de su progenitora (y progenitores) como cualquier otro primate y mamífero.

Y es ahí, donde apenas hemos mirado, donde está el punto crítico de la civilización.

Curiosamente, los actuales corpus teóricos del feminismo de la igualdad, así como las teorías queer, al negar cualquier determinismo biológico en la construcción de la sexualidad, terminan convergiendo con su mayor enemigo, las doctrinas teológicas y bíblicas, en un mismo punto: la negación de la naturaleza.

Ello es comprensible si consideramos que tanto las mujeres como los homosexuales hemos necesitado a toda costa “demostrar científicamente” nuestro valor social. Si la sociedad hubiera sido tolerante con los seres humanos de todo tipo, forma, color y por supuesto filiación sexual, tales desvaríos teóricos no serían necesarios.

Porque lo cierto, lo que desde Darwin es ya innegable para muchos, es que los seres humanos somos primates, somos mamíferos y somos animales, y tal ruptura simbólica con las reglas de la naturaleza no puede producirse, porque en ello nos va nuestra propia condición humana. La neurobiología es cada vez más clara al respecto.

En ese sentido, las teorías ecologistas convergen con las teorías humanistas: nuestra humanidad está allí donde mismo están las otras formas de vida. La vida es un continuum. Y negarlo nos aboca a la destrucción que constatamos del resto de las especies vivas y del hábitat común de todos.

¿Puede existir un punto en el que feministas, homosexuales, católicos, ecologistas, humanistas, espirituales… podamos entonces convergir?

Sí, en el amor. En la importancia del amor, la tolerancia, el respeto, la solidaridad… para la supervivencia de la sociedad. Todos los valores éticos son expresiones sociales del amor. Y el amor es algo tangible, es una conducta concreta que se mama desde el principio, cuando nuestro cerebro y nuestro sistema emocional se empieza a construir: cada bebé que nace, inmaduro, igual que hace millones de años en la selva, trae inscrita una necesidad innata, el instinto y el deseo de succionar, y de permanecer arropado por el cuerpo maternante.

El neonatólogo Nils Bergman, director de la maternidad de Mowbray en Sudáfrica y uno de los mayores expertos internacionales en cuidados madre-canguro, lo explica y sustenta claramente:

“En términos biológicos, el Homo sapiens es un mamífero. Lo que caracteriza a todos los mamíferos es que tienen mamas (del latín ‘mammae’) destinadas a la alimentación de las crías. Las investigaciones biológicas en numerosos mamíferos han demostrado que los procesos neurológicos que tienen lugar durante la gestación (el desarrollo embrionario) están ‘altamente conservados’, es decir, son casi idénticos en todas las especies (Christensson, 1995). Los mecanismos endocrinos fundamentales de la gestación, son también notablemente similares en todas las especies (Keverne y Kendrick, 1994). Hay modelos de comportamiento programados por el sistema límbico de nuestro cerebro. Desde el nacimiento, todos los mamíferos presentan una ‘secuencia comportamental definida’ (Rosenblatt, 1994), que lleva al arranque y al mantenimiento del comportamiento de la lactancia. Existen diferencias en estas secuencias, cada especie tiene la suya propia. Un descubrimiento fundamental y sorprendente ha sido constatar que lo determinante es el comportamiento de la cría recién nacida; que es su actividad la que induce una respuesta cuidadora de su madre (Rosenblatt, 1994).”

Es en el momento del nacimiento, donde la ruptura con la naturaleza y con la condición mamífera se produce, perturbando el proceso de nacer (casi todas las culturas lo hacen de un modo u otro: separan al bebé de la madre y se lo llevan), socavando la lactancia, poniendo al niño a dormir solo, dejándolo llorar… y más tarde usando todas las estrategias conductistas de la crianza adultocéntrica.

Desde finales del siglo XX, los sociólogos (Giddens, Ibáñez…) se dieron cuenta de que es en la micro-sociología, en las conductas cotidianas, donde están las claves para comprender la macro-sociología, los grandes problemas de la humanidad.

Es hora ya de que aceptemos que la humanización del nacimiento, la crianza corporal, la educación desde el respeto y la empatía… es el principio de la justicia social. Y también del equilibrio entre la naturaleza y la cultura, el cuerpo y la mente, el intelecto y las emociones.

Ahí. Recuperando nuestra condición mamífera.

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La lactancia desde el respeto y el cariño

Publicado el 04-10-2011

Con el objetivo de conmemorar la Semana Mundial de la Lactancia Materna en España, ayer iniciábamos una “saga” de posts muy especiales para El Club de las Madres Felices. Lo hacíamos de la mano de Diario de una Mamá Pediatra Semana Mundial Lactancia Materna en Españay su visión de la lactancia “en los tiempos que corren“. Hoy continuamos esta semana monográfica de la mano de Mamá (contra) corriente con la necesaria concepción de la lactancia desde el respeto y el cariño. ¡Qué lo disfrutéis! ¡Esperamos vuestros comentarios!

“La lactancia desde el respeto y el cariño”

Por Mamá (contra) corriente

Cuando,  estando embarazada, empecé a leer e informarme sobre la lactancia materna, nunca pensé que pudiera existir un debate y, mucho menos, una gran polémica sobre qué opción era mejor. Me parecía evidente que la lactancia materna era el alimento que la mamá humana fabrica para su bebé humano y, por tanto, las leches artificiales tenían su razón de ser en tanto en cuanto ésta no fuera posible.

Sin embargo, pocos días después de haber nacido mi hijo hice dos descubrimientos con los que no contaba. Primero, que la lactancia materna no siempre es llegar y enchufar y, segundo, que tanto en la calle como en la vida 2.0 todo el mundo se permite opinar, a veces con muy mala uva, sobre si lo que haces está bien, mal o regular.

Pensaba, inocentemente, que si una mamá había intentado dar el pecho y la lactancia había fracasado, la situación no era como para que cualquiera que pasara por la calle opinara sobre lo desastroso de esa opción sino para que, en todo caso, se sintiera un mínimo de empatía y comprensión. Nunca pensé que hasta en la misma farmacia donde vendían todo tipo de leches de fórmula y biberones último modelo se permitirían hacerme comentarios totalmente fuera de lugar sobre la poca conveniencia de la lactancia artificial.

Curiosamente, me bastaba encender el ordenador para comprobar el gran número de mujeres que contaban la experiencia contraria: mamás invitadas a lactar a sus hijos en el cuarto de baño de un bar (o en la misma calle),  interrogadas una y otra vez sobre cuándo pensaban abandonar la lactancia materna, poniendo en duda su capacidad para decidir qué es lo mejor para sus bebés…

Entonces, ¿qué pasa?. La gente siempre tendrá algo que decir y muchas veces será de mal gusto, inoportuno, injusto y poco ajustado a la verdad. Así que, si queremos sobrevivir, hay que ponerse el chubasquero desde el minuto uno. De vez en cuando el chubasquero calará porque para cualquier mamá es duro sobrellevar los comentarios malintencionados acerca de cómo cuidamos a nuestros hijos, pero si nuestras opciones ha sido tomadas con responsabilidad, desde la información veraz y el convencimiento de que es lo mejor para la circunstancia concreta, es posible que nos afecte poco.

A día de hoy, la polémica sobre la lactancia materna o artificial es la que menos me afecta de todos los temas controvertidos sobre los que se puede debatir entorno a la crianza. No me considero una abanderada del biberón pero tampoco puedo hablar mal de algo que a nosotros nos ha ido muy bien; no me siento una defensora a ultranza de la lactancia materna porque sus bondades me parecen de perogrullo y, en cambio, no comparto algunas estrategias con las que a veces se promociona. Lo que sí creo firmemente es que la maternidad es amor y, por eso, todas las mamás merecen mi respeto y cariño. Como alimenten a sus hijos, para mi, es lo de menos.

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La lactancia materna en los tiempos que corren

Publicado el 03-10-2011

Esta semana, entre el 2 y 8 de octubre, se celebra en España la “Semana Mundial de la Lactancia Materna“. Lo hace bajo el lema “¡Comunícate! Lactancia materna: una experiencia en 3D“. “3D”, porque la lactancia materna suele verse en dos dimensiones: tiempo ( desde el embarazo hasta el destete ) y lugar ( el hogar, los ceSemana Mundial Lactancia Materna en Españantros de salud…) y “comunicación” por ser ésta una parte esencial de la promoción, soporte y protección  de la lactancia materna. Para conmemorar y apoyar esta importante efeméride, desde el Club de las Madres felices hemos preparado para vosotros una serie de posts y contenidos especiales sobre lactancia materna en el que participarán, entre otras, nuestras cuatro mamás blogueras colaboradoras. Sin más dilación iniciamos una semana tan especial como ésta con el post “Lactancia materna en los tiempos que corren” de Diario de una Mamá Pediatra.

Lactancia materna en los tiempos que corren

Por Diario de una mamá pediatra

Hace unas cuantas semanas escuché con alegría la noticia emitida por el Departament de Salut de la Generalitat y que saltó a los medios, en la que se explicaba que, según las últimas cifras recogidas, la lactancia materna en Cataluña goza de buena salud. El número de madres que amamantan a sus hijos es elevado y además se ha incrementado con los años.

Después de unas décadas en las que las cifras habían disminuido, parece que una mayor información de las madres y de los profesionales ha redundado en volver “a los orígenes”.

La protección de la lactancia materna debe ser una prioridad. Fundamentalmente porque es fisiológico como mamíferos que somos  (no me voy a detener en los múltiples beneficios para la salud que aporta pues una información ampliamente divulgada).

Analizar el por qué algunas madres deciden no amamantar a sus hijos es complejo. Los que me leéis asiduamente sabéis que no soy nada propensa a estigmatizar esta situación. Cada una hace lo que cree que es mejor para su hijo o para el binomio madre-bebé. Tanto la mujer que tiene claro que no quiere lactar como la que tira la toalla a las primeras de cambio merecen su respeto.

A la que decide no lactar, si lo hace con toda la información a su disposición, no se la puede catalogar de peor madre. A estas madres, cuando tengo la posibilidad de hablarles cuando la decisión todavía no es irrevocable, siempre les animo a intentarlo aunque sólo sea para “probar”. A veces ese primer contacto piel con piel con el bebé les cambia todo su razonamiento anterior.

Sobre el grupo de “las que tiran la toalla” la cosa es más compleja. Es un grupo muy pero que muy numeroso en las consultas pediátricas. Las hay que han iniciado la lactancia sin mucha información, quién se enfrenta a postpartos extremadamente complicados y quien tiene unos inicios poco favorables. Yo siempre me he sentido un miembro potencial de este grupo. Soy consciente que si mantuve mis dos lactancias fue por tesón y por ser pediatra y conocer al dedillo las ventajas de la lactancia materna. No fueron lactancias fáciles y entiendo perfectamente a las mujeres que se desesperan y deciden abandonar.

El soporte profesional es importante. A los profesionales siempre se nos culpa en primer lugar del abandono de la lactancia. Cierto que hay profesionales que deberían reciclarse, muchas cosas se están moviendo en este sentido. También os diré que tampoco son santos de mi devoción algunos pediatras que parecen que han sido los inventores de la lactancia. No todo es tan fácil y a veces hay que vivirlo en propias carnes para entender situaciones que nada tienen que ver con una teoría escrita sobre el papel.

El soporte de la instituciones es un punto clave. No tanto para iniciar la lactancia como para mantenerla. Incorporarte a trabajar a las 16 semanas de baja maternal significa en la mayoría de las mujeres, un antes y un después en su lactancia. En mi caso, con guardias hospitalarias de 24 horas os lo podéis imaginar…..¡Aunque esto daría material para un post entero!

Si bien los soportes profesional e institucional son fundamentales,  casi me atrevería a decir que es mucho más importante el soporte del entorno. Una pareja que se ocupe del resto (casa, otros hijos, intendencias varias), unos abuelos que no den mensajes negativos, unos vecinos que se muerdan la lengua antes de opinar gratuitamente en el ascensor…

Y luego está la propia mujer. Sus experiencias anteriores, sus expectativas, sus sentimientos en medio de la tormenta hormonal, la forma de asumir lo que en la experiencia vital significa traer un hijo al mundo. Algunas necesitan simplemente que alguien les diga que pueden hacerlo, otras necesitarán algún consejo sobre cómo se lacta, otras sólo que alguien las escuche en su camino. Cuando las cosas no van rodadas, el sueño y las molestias físicas no ceden, las decisiones no son fáciles. Y así deberíamos entenderlo, intentando que las madres sufran lo mínimo y sean capaces de disfrutar del momento.

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