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Vida en pareja y maternidad, ¿todo cambia?

Publicado el 25-02-2013

La llegada de un bebé a la vida de una pareja es un momento de máxima felicidad donde mujer y hombre se convierten en mamá y papá, roles nuevos que dan lugar a vidas nuevas.

Cuando una pareja se plantea un embarazo lo hace con toda la ilusión que proporciona el amor que se profesan. Y ese amor es el que genera el anhelo de dar vida, para seguir amando.

Pero no todo es tan color de rosa como pueda parecer por las líneas anteriores. El embarazo trae una serie de cambios que, a veces, no son vividos conjuntamente por la pareja: cambios hormonales, físicos, sociales, laborales. Durante los meses de gestación va cambiando poco a poco no sólo la mujer, que evoluciona interna y externamente para convertirse en madre, sino también el entorno que le rodea. Y, en ese momento de cambio, –y cierta locura- es importante que el hombre se perciba a sí mismo como futuro padre y se esfuerce por acompañar y comprender la evolución de su pareja.

Si esa evolución durante la gestación se lleva a cabo de manera conjunta, el hombre podrá asumir de una manera mucho más placentera y saludable su rol de padre. No debemos olvidar que, en el caso de las mujeres, nuestro cuerpo se prepara, durante el embarazo, pero también lo hace nuestra mente. Las hormonas, esas grandes compañeras en el viaje hacia la maternidad, van allanando el camino y enseñándonos lo que significa el amor de madre.

Pero nuestras parejas no cuentan con esa valiosa ayuda, con lo que, en ocasiones, su preparación para la paternidad puede ser más un acto de fe o de puro amor hacia nosotras.

Sea como sea, el nacimiento de un hijo supone un punto de inflexión en la vida de toda pareja, un momento de felicidad plena y un momento de cambio. A partir de entonces, la mujer entra en un universo totalmente aparte: el puerperio, donde, a veces, el padre no está invitado o ni siquiera sabe cómo entrar en él.

Pero el puerperio es una etapa delicada donde el hombre, el padre, la pareja, es pieza fundamental para el bienestar de la recién estrenada madre. Esa etapa de cambio que culmina con el renacimiento de la mujer se acompaña de la lactancia, noches sin dormir y todos los añadidos con los que un bebé viene debajo del brazo.

Y todo ello, repercute en la pareja: se acabaron los días tranquilos, los planes anticipados, ver una película seguida, dormir del tirón, conversar y compartir… Pero todo eso se cambia por un complemento perfecto: vuestro bebé. Traer un hijo al mundo también nos hace dar un paso de gigante en la evolución personal de cada miembro y, por supuesto, en nuestra evolución como pareja. Todo cambia, ¡es un hecho! Pero queremos creer que para mejor ;)

¿Cómo repercutió la llegada de tu bebé en tu relación de pareja?, ¡cuéntanos tu experiencia!

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Queridos Reyes Magos: majos, majísimos… guapos

Publicado el 04-12-2012

Por Historias de Papá Lobo

Somos pequeñoM y pequeñoJ. Dos niños que vivimos en Españaaaaaá (léase SpaññaaaAAAAá) en casa de papá y mamá (pequeñoJ: por si no ha quedado claro, papá y mamá son nuestros papá y mamá. No les confundan con la otra casa donde vivimos que es la de nuestra abuela y nuestro abuelo, que…).

pequeñoM: Ya vale, creo que ya se han enterado.
pequeñoJ: Era por si acaso, luego no me vengan con que no estaba clara la dirección.
pequeñoM: Yo creo que ya la has dejado muy clara.
pequeñoJ: Vale. ¡Ah!, y la casa es la que tiene dentro nuestra habitación, ¿eh?
pequeñoM: Que sí, ¡pesado! ¡Vale ya! Como les estaba diciendo… este año hemos sido unos niños muy buenos, super buenos.
pequeñoJ: Buenisisísimos, supersisísimos buenisisisímos.
pequeñoM: Y prometemos que si nos traéis todo, todo, todo lo que os vamos a pedir nos seguiremos portando igual de bien, superbien.
pequeñoJ: No voy a morder más, prosemeti, no.. prororotío, uff, no… pronometildo, ains no! prro…
pequeñoM: ¡¡¡¡PROMETIIIDO!!!!
pequeñoJ: ¡Eso! Es que el corrector me juega malas pisadas jijijiji.
pequeñoM: ¡Pasadas!
pequeñoJ: ¿Qué?
pequeñoM: ¡Pasadas! ¡Que has dicho “pisadas” y querrías decir pasadas!
pequeñoJ: ¿Y tú cómo lo sabes?
pequeñoM: MadredelBoss, ¡déjalo! Como decía… que hemos sido muy buenos y bla, bla, bla.

Por lo tanto y habiendo cumplido, por nuestra parte, con lo estipulado, exigimos el  cumplimiento de la parte del contrato que os corresponde, que no es otra sino la entrega en el plazo estipulado de las mercancías que se detallan en la siguiente lista. Que quede constancia de nuestra buena voluntad y fe, el hecho de que habiendo podido escribir una lista mucho más larga, hemos decidido reducirla a sólo lo indispensable que cualquier niño de nuestra edad necesita para su correcto desarrollo psico-fisio- chico-psicótico, constando únicamente de 325 artículos.

pequeñoJ: Pero que bien habla el jodío, este va para catedrático o si se tuerce como mínimo llega a presidente del gobierno.

pequeñoM: Pasamos a la lectura de la lista…

Punto 1: Quiero que os llevéis a mi hermano.

pequeñoJ: ¡Ejem!
pequeñoM: ¡Ups!, perdón. Este punto había sido eliminado en anteriores revisiones. Alguien debe haberme pasado una copia obsoleta, lojuro.

Punto 2: Queremos que todos los días sean vacaciones. No es porque no nos guste el colegio, ese nos da igual, sino porque queremos que nuestra familia esté junta todo el día. No tenemos ganas de andar en el coche de un lado a otro para verlos de  uno en uno y mucho menos teniendo que ir escuchando a Motör Head todo el camino o viendo a Pocoyó en esa tele a la que no puedo dar patadas. (pequeñoJ: que pesao es el tío)

Punto 3: Queremos que convenzáis a papá y mamá para que nos dejen comer chuches toodos los días y no como ahora que sólo nos dejan los viernes. (pequeñoJ: ¡a mí ni eso!)

Nota: Podemos ceder los lunes y martes y un jueves al mes, ¡pero de ahí no bajamos!

Punto 4: Queremos que papá y mamá nos lleven al cole y nos vengan a buscar todos los días. Mejor aún queremos que se vengan ellos al cole todo el día con nosotros (pequeñoJ: no se qué es eso de un cole, pero si se trata de estar con ellos yo me apunto)

Punto 5: Queremos una tele donde sólo pongan Pepa Pig y Mickey Mouse y que no salga el señor ese de bigotes y todo pintado que tiene muchas motos. Nos da susto.

Punto 6: Nuestra cama es aburrida, muy super-super aburrida. Queremos dormir en la cama de papá y mamá todos los días. Eso sí, si J va a dormir con nosotros necesitamos que la cama sea un poco más grande, así como 3 metros más grande. Lo que se  mueve el tío (pequeñoJ: es que no me encuentro…jo).

Punto 7: Exigimos un abogado gratuito para defender nuestra inocencia (y nuestra integridad física) en los siguientes supuestos:

  • Algo aparece roto a nuestro lado. Son cosas que pasan papá.
  • Pintadas que aparecen en las paredes casualmente del color de la pintura que tenemos en la mano. Absolutamente circunstancial.
  • Comida que salta de nuestro plato al suelo sin que nosotros le digamos o hagamos nada.
  • Niños que se ponen a llorar cerca de nosotros. Nosotros-no-hemos-sido-y-esas-marcas-de-dientes-no-son-mías.

Punto 8: Queremos dormir cuando tengamos sueño y comer cuando tengamos hambre (pequeñoJ: ¡Eso!, ¿pozqué a las 4 de la mañana no puedo  jugar con mis cuzbos?).

Punto 9: ¿Deberíamos pedir algo para papá y mamá no? (pequeñoJ: ¡uy si!, ¿el qué?).

Pues creo que deberíais traerles un tablet de esos como el que tiene la tía con el que podamos jugar   puedan leer libros de cómo hacernos felices y ver películas de pocoyo de cine sueco en V.O. que son muy cultos ellos… (pequeñoJ: eso no va a colar; pequeñoM: tú calla.)

Punto 10: el resto de puntos son todos los juguetes del catálogo del Toisasas. Es que no nos decidíamos así que mejor nos lo traéis todo.

Y para despedirnos aquí el rubio sin caracolillos y yo os queremos desear que paséis unas felices fiestas y que os traigan todo lo que habéis pedido y esperamos que la cosa mejore.

¡Saludos y chuches para todos!

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Las dos sombras de Fer

Publicado el 08-10-2012

Por Historias de Papá Lobo

Llegó el otoño. Lo hizo después de un verano en el que no se ha hablado de otra cosa; en el que un elevado número de mujeres –y algunos hombres aunque pocos lo confiesen–, se levantaban y acostaban con el tal Grey; en el que en las piscinas y playas se veía por doquier la estampita con la famosa corbata. Estoy seguro de que, si hubiera salido en otras fechas –al libro me refiero, no al verano–, se hubieran agotado las existencias de ese trapo servilletero elevado a los altares, que se sigue fabricando porque, por alguna extraña razón que no llego a comprender, les sigue “poniendo” a las féminas. Y aquí, entre nosotros, mi teoría es que se parece demasiado a las correas para perros.

Tranquilícense que no voy a hablarles de mi experiencia por el mundo del soft-sado adolescente, pierdan cuidado, lo mío es “pamayores”, es un “sé lo que hiciste el último verano, de hecho sé lo que hiciste hace 5 minutos”, y si lo que se llevaba este verano eran las 50 sombras bajo el brazo, en mi caso con dos, de hecho con una y media, ha habido bastante. Eso sí, no fue necesario que las llevara a todas partes, porque ya se encargaron ellas de no separarse de mí, en todo el verano. Y es que me he paseado por media geografía española cuál Peter Pan después de haber tomado el té con una Wendy con exceso de energía y la cesta de costura a estrenar y, por muchos trucos que use o por mucho que corra, cuando me doy la vuelta ahí los tengo; a los dos o a uno mirándome con cara de “qué es lo que vamos a destrozar hoy” y al otro diciendo “¿papaaaaaa, vienes?”.

Como habrán adivinado no son otros que el pequeñoJ y el pequeñoM.

Verán, corría Mayo del 2012 y yo vivía muy tranquilo, ajeno a lo que me iba a deparar junio y sus calores. Yo procuraba llegar pronto a casa y estar con los peques que acababan de salir de sus respectivos corrales, guarderías, casas de acogida… – llámenle usted como le venga en gana al sitio, lugar o cosa donde uno deja a sus retoños somnolientos e impolutos y los recoge con una capa de 2 centímetros de plasta fabricada a partir de diferentes polímeros industriales y/o naturales, aderezadas con salsas varias y sin rastro de sueño–.

Pero todo cambia en esta vida, así que nos encontramos con que, por motivos de los que alguien llama “de trabajo” y otros llamamos “de explotación”, las tardes con los peques pasaban a ser “un problema exclusivamente mío” que consistiría en: sal del trabajo, llega a casa y elige entre comer o dormir algo de siesta (suponiendo que los “imprevistos” te dejen elegir), recoge al mayor y procura que no se entretenga demasiado en su rutina diaria de toboganes, escaparates y subida y bajada de portal en cuatro tiempos porque tienes que ir a buscar a su hermano que te espera en otro barrio y te quedan 10 minutos para llegar antes de que te encuentres a los Servicios Sociales cuidando del rubio. Y así, recoges al pequeño con la lengua fuera, intentas no liar lo que te cuentan en una con lo que te han dicho en la otra, ¿el que había mordido era pequeñoJ o es a pequeñoM al que le habían mordido hoy? A todo esto, son las cinco de la tarde. Hasta las nueve de la noche, con suerte ocho y media, no habrá nadie más en casa. Bueno, son sólo 4 horas. Eso dices el primer día, hasta que ves que por alguna anomalía espacio-temporal, los minutos se convierten en horas, que el calor no ayuda nada, pero nada de nada y que tus nanos tienen una capacidad innata –que día a día van mejorando–, para sacarte de tus casillas y hasta del tablero si hace falta.
Y crees que eso ha sido todo, y no te das cuenta que tus hijos han reaccionado a la ausencia de su madre con una papitis de grado 5 que amenaza con convertirse en huracán de nivel 10. Pero como vas con las pilas justitas de eso no te das cuenta hasta que en un ataque de papaLobitis estupidez supina y mayúscula, decides irte tú sólo con los peques una semana a casa de tus padres.

La idea no era nada mala. Descansar del último mes de estar todo el día corre de un lado para otro, de parques, canciones  y dibujos, de gritos de “sólo papaaaa“, de broncas y discusiones, una semana de esas de “abuelos, aquí tenéis a vuestros  nietos, yo estaré durmiendo probando la dureza del nuevo colchón que habéis comprado”. Una semana a los cuidados de mi madre, que para eso es la mía y debiera o debiese mimar. Al fin y al cabo el trato es de tú a tú, de padre a madre… ¡Como mínimo debería empatizar con la causa! De una de esas semanas hablo, ya saben ustedes.

Pues de una de esas semanas que me quedé con las ganas, porque salvo con el abuelo, los dos tocap… sólo admitían estar conmigo, que yo les bañara, que yo les diera de comer, que durmieran conmigo (los tres en la misma cama) y que salieran a pasear conmigo. Con el mayor, si estaba su abuelo, podía descansar, ya que el peque se pegaba a él e iba ahí donde fuera preciso. Que tiene lo suyo, conmigo si hay dibujos en la tele no hay quien le mueva de casa, pero era oír que el abuelo cogía las llaves y ya estaba haciendo guardia en la puerta.
Pero el pequeñoJ…ahí el peque fue llegar a casa de los abuelos y desplegar todos sus sistemas de detección. El detector de padre, el detector de abuela besucona acercándose, el detector de vecinos, el de animales, el de comida. Todos. El tío no se dejó ni uno desactivado. Y así era alejarme tres metros de él y llorar, desaparecer de su campo de visión – y no creáis que me iba a otra habitación no, simplemente que alguien se pusiera delante era motivo suficiente para que saltaran todas las alarmas–. Y, para colmo, la abuela que “para que el niño no sufra” después del segundo día dejó de intentar hacerse con el peque, “que luego me coge manía y no quiere venir a vernos“. ¡El que no va a volver soy yo!

Y así me toco lidiar, no sólo con los peques sino con las ideas de bombero de sus abuelos. Todo esto provocó un total descontrol de horarios y así me encontré algún día con la hora de comer de los peques encima pero sin haber empezado a hacer nada. Me encontré con que no poder dormir una siesta porque, en vista de mis ganas de salir pitando, decidieron dormir la siesta por turnos, de forma que cuando uno despertaba el otro se dormía. Lo de llevármelos a que conocieran un bosque fuera de lo que era una pantalla de televisión resultó poco más que imposible de organizar y lo de llevarles a pasar un día de merienda en el rio fue directamente descartado ante el nivel de asilvestramento que empezaban a mostrar – y es que los veía capaces de desviarme el curso del rio–. Y para colofón, el coche se estropeó en el viaje y mis planes de ir a visitar a mis princesas y mis florecillas gallegas o mi desmadre a la leonesa se fueron al traste.

Así que, me como se dice por ahí, salimos de Málaga para acabar en Malagón, o “¿no querías caldo? ¡Pues te comes la perola!”.

Así que las próximas vacaciones de chicos van a ser cuando tengan 30 años. ¡Lo juro! Hoy puedo decir que hemos sobrevivido los cuatro y que la cosa sigue mejorando, pero reconozcamos que tal como dicen por ahí, para criar a tus hijos hace falta la tribu entera (y, en algunos casos, dos).

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Trendy-father vs old-fashion-father (o padre modernillo versus padre de toalavida)

Publicado el 24-04-2012

Por Las historias de Papá Lobo

Aclaraciones iniciales.

  • “Trendy”: palabro usado para que algo que ha existido toda la vida, parezca que lo hemos inventado hace 10 minutos y “todo Cristo” hable de ello.
  • Uso: basta con colocarlo delante de la palabra que se quiera “remodernizar” teniendo en cuenta que esta tiene que anglosajonizarse  o lo que es lo mismo “traducirse al inglés medio –sí, ese que todos hablamos según pone en nuestro currículum–. Así tendríamos “trendy-baby” o “trendy-jolidais” (antes llamadas “irse al pueblo”), “trendy-work”, etc.

Así que siguiendo la línea nos encontramos con los “trendy-fathers”, pero ¿qué es, y sobre todo, para qué sirve un TF? (si, lo de acortar vocablos también en muy “trendy”).

Pues no es otra cosa que un padre que se sabe de memoria el repertorio de canciones de los 50 DVDs de los Canta-Juegos, cada uno de los personajes que aparecen en las series de dibujos de los 15 canales infantiles; las tallas de ropa de sus hijos; las citas con el pediatra, las de la guardería, las del cole…;tiene el cuadrante de “horarios disponibles” de todos los miembros de la familia, amigos y vecinos; sale el primero del trabajo recoge a los niños y se los lleva al parque;  que lo mismo te prepara la merienda para 5, que es capaz de cambiar un pañal usando la guantera del coche. En definitiva… ¡¡¡Un ser mitológico!!! Porque no nos engañemos, hay madres que ni siquiera llegan a eso, así que no digamos de nosotros.

Pero ser un trendy-father es lo que toda madre sueña con tener a su lado (aunque algunas simplemente se conformen con que su pareja no estorbe demasiado) y es que en la memoria colectiva tenemos fijado como modelo de padre de toda la vida, u old-fashion-father pa los trendies, al nuestro cruzado con el de “mira quién habla” y “tres solteros y un biberón” que mezclado y agitado nos sale un “algo” entre Alfredo Landa y John English. Un padre tranquilo y sin mucho estrés, cuya responsabilidad con sus hijos se limitaba a trabajar para traer dinero a casa y mediar en aquellos conflictos en que la autoridad materna no era suficiente. Las visitas al pediatra, al colegio, a la zapatería, etc., eran “cosas” de tu madre, él no se encargaban de “esas” cosas. [La primera vez que mi padre cogió un carrito de bebé fue  con su nieto (y encima no hubo que pedírselo)].

¿Cuánta vergüenza nos habríamos ahorrado si hubiera sido nuestro padre el que fuera con nosotros al médico o a comprar ropa? Porque no me negarán que eso de ir al médico y que tu madre en vez de explicar los síntomas serios se dedicase a contarle tu vida con pelos y señales tenía delito, “¿de dónde sacan las madres que esa tos que no se termina de curar sea culpa de la leche  o que estés todo el  día con el hijo del frutero que nunca se pudo hacer vida de él o de las pocas verduras que comes?” Un trágame tierra es lo que eran esas visitas.

En cambio si ibas con tu padre la cosa era mucho más llevadera, el médico no tenía que preguntar demasiado y no nos engañemos, iba a servir de poco. ¿Qué es lo que le pasa al pequee? Pues que está enfermo. Ya, ¿síntomas a parte de mocos? (lo de los mocos era porque ya te los veía desde la sala de espera). Pues, tos. Muy bien, pues que se tome esto al menos una semana o hasta que se le pasen los mocos. “Gracias doctor. Buenas tardes”. Y se acabó, en 10 minutos estabas despachado y con todo tu orgullo de una pieza!

Ahora vas al médico con tu TF y la cosa es muy distinta. Éste le presenta al médico una gráfica con tu variación de temperatura de las últimas 72 horas, la densidad de orina y los antecedentes de fiebres tifoideas y sarampión de todo pariente tuyo hasta sexto nivel. Y sí, a lo mejor se pasa un poco de vergüenza cuando saca el móvil para grabar la conversación con el médico y que tu madre la oiga después, pero creedme que no es nada comparado con ir al médico con tu madre.

Y qué me dices de ir de compras con tu madre… ¿acaso podía haber mayor tortura? Pues sí, ir con las amigas de tu madre, que siempre se apuntaban a la fiesta, y que tenían que saber que esos pantalones te quedaban grandes y que no te habías puesto los calzoncillos que ella te dijo, pero es que además, también tenían que saberlo toooooodos los clientes de la tienda. Y “a ver date la vuelta que no me convence”, “¿no lo tienen más barato?”. “¡Tanto por unos vaqueros, si cuestan más que los trajes de tu padre!” “¿Te has fijado, nos cuesta medio sueldo vestirle y así lo agradece?”.

El día que mi madre me miraba demasiado los pantalones yo ya me pasaba el resto de la tarde temblando. Con tu padre era mucho más fácil y se resumía en: “¿qué quieres?, ¿cuánto cuesta?, ¿dónde se compra eso?, ¿seguro que es “esto” lo que quieres?, ¿cómo que hay que ir a otra tienda?” Simple y directo.

Ahora con un trendy-father la cosa se complica un poco, pues se pondrá en modo “padre colega” para decirte eso de “no, no pienso comprarte esos calzoncillos de Dolce & Gabbana”. ¿Por qué no? ¡Pues porque tienes 3 años! Aunque creo que esta camiseta de Metallica te queda mejor que la de la esponja esa amarilla. También como buen TF puedes aprovechar que sacas de paseo al pequeño (por pequeño me refiero a menos de 3 años) y le amplias el fondo de armario para compensar un poco la vestimenta ñoño-bebe-marinerito que cubre toda la gama de colores pastel, que tu Santa y familia le han ido comprando al peque y es que una de las ventajas que tiene el visitar tiendas es que te das cuenta que en el mundo de la vestimenta infantil hay más cosas que “nidos de abeja”, trajes de marinero y Bob Esponja.

Pero una de las grandes diferencias con los padres de antes, es que si bien en aquellos tiempos la sociedad demandaba unos padres más centrados en el trabajo y en las “cosas de padres” (fuesen cuales fuesen), ahora la cosa está cambiando y para ser un buen padre ya no basta con ver a tu hijo varias horas al día, ir de compras con él, a las reuniones, al médico y al parque. No, no, no. Ahora tienes que estar al día de toda nueva tendencia, así como de las variaciones que hayan salido y de las ya existentes, sobre salud infantil y juvenil, primeros cuidados del bebé, alimentos macro, micro, pro, pre y post-bióticos, número de serie de las vacunas, posología, trastornos psiquiátricos, motrices y directrices, posibles influencias del medio en la relación psico-socio-mico-trico-cultural entre tu hijo, los neutrinos y el Bolsón de Higgs. Y no sólo eso. Sino que también hay que estar al día y conocer cosas como la posible influencia de la relación de pareja en vuestros vástagos, así como las posibles modificaciones psicosomáticas en su ADN producidas por los ruidos ambientales, el color de vuestra corbata o el color del microondas.

¿Y todo ello, para qué? Para criar a vuestros hijos. Exactamente igual que lo hacía vuestro padre sentado en el sofá leyendo el periódico, o intentándolo, mientras vosotros saltabais sobre él o cuando se reventaba la espalda cargado con la sombrilla no homologada para los rayos UV-325448/I que le habían regalado con el suplemento dominical, la silla, vuestros juguetes de plástico llenos de aristas cortantes, la bolsa de los tupper con los bocadillos y la sandía sin esterilizar que siempre terminaban llenos de arena y a la única que le importaba era a tu abuela.

Así que queridos hijos, espero que crezcáis sanos, fuertes y psicológicamente aptos según los cánones de algún instituto de Massachusetts, porque a este paso lo vais a necesitar para cuidar de vuestros hijos en el futuro, pues abuelos van a quedar pocos. Al menos sanos.

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La R-evolución de la paternidad

Publicado el 26-07-2011

Por Mamá sin Complejos

Comunidad virtual de madres, cibertribu, madres blogueras …, las madres hacemos correr ríos de tinta últimamente. Pero ¿y los padres?, ¿qué papel juegan en esta aventura de la crianza de los hijos?

Las mujeres reivindicamos poder vivir nuestra maternidad en toda su plenitud. Muchas optamos por una crianza basada en el respeto, el apego, el cariño sin límites. Pero en ocasiones se nos olvida hablar de nuestros compañeros de viaje, los padres de nuestros hijos.

Me atrevo a decir que la paternidad está de moda. En las últimas décadas muchos son los cambios acontecidos. Hasta no hace mucho tiempo los hombres no atendían cosas como cambiar pañales, alimentar, despertar en las noches de enfermedad o malos sueños, educar, poner límites, jugar en el parque. En definitiva, no compartían la infancia de sus hijos. Los padres delegaban por completo en las madres. Y Padres Club Madres Felices la mujer, estoicamente, se hacía cargo de todo. Se daba por hecho que era la encargada de atender, cuidar y criar a los hijos. Recuerdo haber escuchado en más de una ocasión algo así como “eso es cosa de mujeres”.

Pero las cosas están cambiando, aunque aún queda mucho trabajo por hacer. Y lo que a mi me gusta llamar R-evolución, también ha llegado a la paternidad. Los hombres, los padres, ahora sí son parte activa y participativa en la crianza y educación de los hijos.

Todavía recuerdo con orgullo como mi pareja asistió emocionado e ilusionado a las clases de preparación al parto. Recuerdo cómo descubrió y leyó con avidez a Carlos González y otros textos sobre crianza y lactancia. Revivo en mi memoria cómo disfrutaba viendo lactar a nuestro hijo, o durmiendo a su lado. Veo como cada día lee atento y entusiasmado los blogs de maternidad y crianza, o todo lo relacionado en las redes sociales. Disfruto cada día viendo como padre e hijo disfrutan el uno del otro, se quieren, se necesitan.

Juntos nos hemos hecho padres, juntos hemos madurado esta faceta personal que tantas satisfacciones y quebraderos de cabeza nos da.

Así que cuando hablamos de R-evolución maternal creo que sin darnos cuenta los excluimos. Más bien deberíamos hablar de R-evolución familiar. Todo lo que yo hago, pido o exijo lo hago para y por mi familia. Y Él también. Papá quiere una jornada laboral que le permita disfrutar, educar y estar con su hijo y su familia. Papá quiere aprender y asistir a las charlas y conferencias relacionadas con la crianza. Papá quiere asistir a un Grupo de Madres y/o padres para compartir ideas, preocupaciones, dudas. Papá quiere que los niños sean criados con respeto y apego. Papá quiere que madres e hijos puedan estar juntos el mayor tiempo posible mientras son bebés y dure la lactancia. Papá cree y defiende el parto respetado y la lactancia a demanda. Papá quiere las mismas cosas que Mamá. Aquí está la esencia de esta evolución y a su vez revolución. Aquí reside nuestra igualdad, no en nuestra sexualidad.

La familia es el pilar básico de cualquier sociedad, y en la nuestra la estamos despreciando. Somos esclavos de lo laboral y pensamos que dando a nuestros hijosbienes materiales cumplimos nuestro deber. La mejor herencia que podemos dar a nuestros niños es una crianza amorosa, respetuosa, donde mamá y papá estén. Da igual el tiempo de calidad, o el tiempo en cantidad, se trata de darles tiempo sin más.

La familia, la paternidad, la maternidad, todo ha de ser sinónimo.

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